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viernes, 15 de noviembre de 2013

Igea (La Rioja), circular por la Sierra de Peñalosa o del Quemado


Un lugareño cruza el puente romano regresando del huerto


10 de noviembre de 2013,

  Aprovechando una visita familiar por la Rioja decido escaparme la mañana del domingo para estirar las piernas y hacer alguna actividad al aire libre.

  Elijo un destino cercano para estar de vuelta a la hora de la comida. Esta vez me acerco hasta Igea (alt. 560 m.), población de la Rioja Baja ubicada en la margen derecha del río Linares. Curiosamente este río aparece como afluente del Alhama, aunque por entidad y caudal debería ser al contrario.

  En Igea existen algunos yacimientos paleontológicos con fósiles e icnitas, que resultarán interesantes para los amantes de los dinosaurios.

   Realizaré una ruta circular por la Sierra Peñalosa o del Quemado, una pequeña cordillera que se alza al norte del pueblo.

   Atravieso el centro del pueblo y bajo hasta el río para cruzarlo por una pasarela peatonal. Desde allí recorro un sendero que serpentea entre pequeños huertos. Las verduras de invierno, algunos nogales y diminutas parcelas con vides me acompañan en la primera parte del trayecto.

   Caminaré después por una pista forestal que se adentra en un pinar de repoblación y que me irá acercando a las faldas de la Sierra.

  Pronto abandono la comodidad de la pista y me desvío a la izquierda para ganar altitud rápidamente por un cortafuegos (cota 608 m.). Es la subida más pronunciada de toda la ruta, pero tampoco es muy larga.

  El cortafuegos atraviesa el pinar. La hierba seca, el terreno pedregoso y el matorral bajo es el hábitat ideal de algunos reptiles. A punto estoy de pisar una culebra de escalera. No es la primera vez que me pasa. Cualquier día me llevo un susto.

   En la parte alta enlazo con un pista que se dirige al oeste y que desciende hacia una amplia collada hasta confluir con una carretera comarcal. Cruzo el asfalto y dejo la carretera atrás. Pronto abandonaré de nuevo la pista y me desviaré al norte bordeando el pinar para ganar la parte alta de la Sierra.

   En lo alto de la cresta veo a un grupo de buitres que han establecido un posadero sobre unas grandes rocas planas. Más tarde caminaré por allí.

  Por una difusa senda gano altura y alcanzo el cordal de la Sierra de Peñalosa. Continuaré un buen rato por el lomo de la montaña, sorteando los riscos y caminando entre lascas cubiertas de matorral. Una mixtura de aromas de espliego, romero y tomillo se desprende con el roce de las botas.  Aliagas, brezos, jaras y enebros completan la vegetación arbustiva que adornan estos montes calcáreos azotados por el viento.

  Por mi derecha destaca el cercano Monte Yerga, repleto de aerogeneradores. A los pies del mismo veo la cercana población de Grávalos. El viento arrastra algunos tañidos de campanas que tocan a misa.

  Alcanzo la cumbre del Monte Quemado (853 m.), donde se emplaza un vértice geodésico y quizás por ello da nombre a esta sierra. No obstante, la máxima elevación se encuentra un poco más al oeste y hacia ella me dirijo. Tras algún sube baja alcanzo la cima del Castellar (924 m.)

  Hago un breve descanso, como unas pasas mientras oteo el horizonte y continúo caminando hacia poniente. Voy perdiendo altitud suavemente. Atravieso un rellano baldío, repleto de matorral bajo y hierba agostada. Justo enfrente se recorta la inconfundible silueta de Peña Isasa, que me acompaña desde hace rato.

   En el paisaje comienzan a aparecer encinas. Tras un breve ascenso alcanzo un montículo donde se levanta un gran hito de piedras de más de dos metros de altura. Enlazo ahora con otra pista forestal e incremento el ritmo de mis pasos animado por la comodidad del firme.

   La pista bordea la cabecera del barranco de Iruela, entre pinos y carrascas, y poco a poco irá girando al Este. Al alcanzar las estribaciones más occidentales de la Sierra todavía tendré que ascender unos metros para coronar el punto más alto del día, el Puntal de la Balsilla (927 m.)

   Desciendo ahora por una especie de cortafuegos hasta confluir con un largo y bien trazado sendero que me llevará hacia Igea por las laderas de la margen orográfica derecha del barranco de Iruela.

   En los montes aledaños oigo disparos, aunque parece que están lejos. Seguramente están cazando zorzales.

  Sobre la cota 600 m. me llama la atención un pequeño y antiguo acueducto de piedra en buen estado de conservación. Ingeniosa construcción que permitía a una acequia salvar el barranco.

   Pronto caminaré de nuevo a orillas del Linares, junto a esmerados huertos. Las amarillentas hojas de los chopos de ribera y los fresnos le dan un toque otoñal al paisaje. Los almendros, olivos  y vides  nos recuerdan que estamos en un clima mediterráneo, con acusados contrastes climáticos y poca pluviosidad.

   Llegando al pueblo cruzaremos el río por un antiguo puente romano. Otro senderillo entre bancales nos conducirá al casco urbano. Al acercarnos podremos observar las cuatro plantas de galerías con arcos de medio punto de estilo florentino del “Palacio del Marqués de Casa Torre”, un edificio sorprendente por sus dimensiones en un pueblo tan pequeño.

  • Desnivel + acumulado: 704 m
  • Horario total: 3 h. 46 min.  
  • Distancia recorrida: 19,8 km.



Palacio del Marqués de Casa Torre, en Igea


Posadero de buitres en la Sierra de Peñalosa


Grávalos y el Monte Yerga


Peña Isasa al fondo


Subiendo al Puntal de la Balsilla


Chopos y vegetación de ribera junto al río Linares


Puente romano de Igea


Estamos en zona de icnitas y fósiles de la era de los dinosaurios


Track en Google


Mapa del recorrido





3 comentarios:

JonyMao dijo...

¡Que bueno leer que has estado por mi tierra!
Menos alpina que lo que acostumbras, pero muy bonita.
Saludos

Eduardo dijo...

Hala David que pareces de Bilbao, 20 kilómetros para estirar las piernas, ole tu,jaja. Tengo pendientes muchas cosas por la rioja, y sobre todo por la Sierra de Cantabria, esta sierra es la primera vez que oigo hablar de ella, saludos

David Naval dijo...

Hola Jony,
Si, alguna vez aprovecho la visita a la familia de Elena para hacer alguna matinal.La Rioja tiene mucho encanto y rincones muy poco visitados.

Hola Eduardo,
Jajaja, ahora que lo dices, es buena pateada, pero se me hizo corta incluso. Si es que me lío a andar y ni me doy cuenta. La Sierra de Cantabria tiene que ser chula pero ya me cae un poco lejos, está en la otra punta de la Rioja.

Saludos a ambos y gracias por la visita.

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