LISTADO DE PICOS

jueves, 19 de enero de 2012

Campo de Troya (2.218 m.)


15 de enero de 2012,

   Cuando subimos por la carretera de Formigal a Francia, justo entre los desvíos del parking de Sarrios y el de Anayet, a nuestra izquierda se alza la montaña de Campo de Troya, agreste en su cara norte pero de contornos más suaves, aunque con escarpaduras, en la vertiente opuesta. Curiosa toponimia para una montaña con reminiscencias mitológicas. Quizás algún descendiente de Eneas recaló por estos lares.

   Puede ascenderse por alguno de los amplios corredores del norte cuando no hay riesgo de aludes. Nosotros elegiremos la opción más sencilla remontando por las pistas de esquí, por su vertiente sur…pero comencemos la historia por el principio…

    Esta mañana había quedado con Carlos para hacer una salida de esquí de travesía corta y sencilla, por el entorno de Formigal, más que nada para hacer ejercicio. Hace tiempo que no nieva y la montaña continúa peligrosa, con nieve muy dura.

   Le echamos un vistazo al mapa y decidimos subir al aparcamiento de Sarrios (estación de Formigal). Hace tiempo que no vamos por esa zona. En principio subiremos hacia el Collado de la Mina y según veamos las condiciones subiremos alguna de las cimas cercanas (Lapazuso, Tres Huegas o Campo de Troya por ejemplo).

   Comenzamos tarde para que el sol vaya haciendo su trabajo. Subimos tranquilamente por la pista de Izas en dirección al collado. En la parte final abandonamos la pista y subimos con cuchillas por una pala bastante inclinada que nos deposita en el mismo collado.

   Vemos que la subida a Tres Huegas continúa en sombra y Lapazuso tiene algunas pendientes donde brilla el hielo, así que descartamos ambas cimas y decidimos bajar un poco hacia el desembarque del “Telesilla Collado” para comenzar allí la ascensión al Pico Campo de Troya, que se ve más sencillo.

   En la cumbre y la ladera sur se ve muy poca nieve aunque lo que parece una sencilla ascensión después se tornaría entretenida.

   Una vez en la base del pico nos cargamos los esquís a la mochila y en lugar de encarar la subida directamente por el sur, viendo que la pendiente aumenta en la parte final, rodeamos hacia la izquierda para acometer la ascensión por el suroeste, por unas cubetas donde vemos algunas huellas de esquís.

   Conforme vamos bordeando la cara oeste la nieve es más abundante y más dura. Nos calzamos los crampones. Atravesamos algunas laderas sencillas pero donde las puntas apenas muerden el hielo. Afortunadamente hay poca exposición y eso nos da confianza. En otros tramos hay una costra que se rompe pisando fuerte.

   Pronto llegamos a la suave loma cimera, hacemos cumbre y recorremos el lomo hasta su extremo más meridional. Disfrutamos de las vistas. Estas modestas cimas, normalmente eclipsadas por otras cumbres cercanas más elevadas, ofrecen siempre puntos de vista inéditos de las montañas. Vemos los Picos Royo y Culibillas, muy cercanos, el Anayet al oeste, la Sierra de la Partacua al sur emergiendo sobre la más humilde Sierra de Condiana y al noreste los “Grandes” del circo de Piedrafita, con el bastión del Balaitus dominando las alturas.

   Volvemos sobre nuestros pasos y decidimos recorrer la arista hacia la segunda cima noroeste, de cota ligeramente inferior pero más abrupta. Llegamos a una pequeña brecha. Al norte se abren un par de anchas canales que caen hacia la zona del parking de Anayet. Decidimos no seguir la cresta hasta el final pues se ve algo descompuesta y la nieve no está en condiciones.

   Bajamos con los crampones por el mismo camino y una vez alcanzamos las pistas regresamos, en breve pero intensa esquiada, hasta el parking de Sarrios. A pesar de ser un corto recorrido y sin grandes pretensiones, hemos pasado una agradable y entretenida mañana.

  • Desnivel + acumulado: 470 m.
  • Horario total: 3,5 h.
  • Distancia recorrida: 6 km


Bordeamos hacia el oeste y aparece nieve muy dura. Apenas clavan los crampones


Carlos cramponeando


Subimos al lomo y en breve paseo llegaremos a la cima


Bonito panorama a nuestra espalda. Lapazuso, Pico Royo, Culibillas, Punta Escarra...


Enfrente, sobre la modesta Sierra Condiana, emergen Telera, Punta Plana, Puerto Rico...


Por la cresta hacia la cima noroeste. Anayet al fondo


Caminando sobre el "espejo"


Y como siempre, el Midi, al otro lado de la frontera


Carlos. Macizo de Argualas-Infiernos en lontananza


Un "tsunami" avanza hacia Formigal


Volvemos a la "civilización"


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martes, 17 de enero de 2012

Punta Acuta o Punta Diazas (2.247 m.)


Ascensión desde Torla por los miradores

14 de enero de 2012,

   Ante la escasez de nieve aparcamos los bártulos de invierno y  retomamos las excursiones de senderismo, más propias del periodo estival. Hoy ascenderemos a Punta Acuta, excelente mirador en la vertiente sur del Valle de Ordesa. Además nos asomaremos a varios vertiginosos miradores que aumentan el atractivo de esta ruta.  Elegimos la ascensión por el sur para disfrutar del sol y evitar el hielo que podríamos encontrar por la vertiente de Calcilarruego.

   Nos desplazamos hasta Torla, cruzamos el pueblo y bajamos con los coches por la pista asfaltada que lleva al cercano “Camping Rio Ara”.  Aparcamos nada más cruzar el Puente de la Glera (950 m.).

   Allí mismo nace la pista que sube hacia los miradores de Ordesa y que recorre toda la Sierra de las Cutas por la parte superior. Esta pista, de acceso restringido, está cerrada con una barrera un par de kilómetros más arriba. Remontamos la pista unos pocos metros y enseguida la abandonamos por una senda a mano izquierda marcada como “Santa Ana”.

   La senda sube por un bosque de pinos y boj, sin descanso pero sin complicaciones. Cruzaremos en varias ocasiones la pista de vehículos. El sendero está siempre balizado con marcas blancas-amarillas.

   Tras caminar poco más de una hora, a una altitud de 1.455 m., la senda confluye con la pista junto a la pequeña, pero bien conservada ermita de Santa Ana, en una gran explanada donde también se alzan un par de bordas. Hacemos un breve descanso y continuamos por el sendero detrás de la ermita, siguiendo las indicaciones de un cartel con el texto “Miradores del Molar “.

   Seguimos ascendiendo y ganamos altitud rápidamente. A nuestra derecha queda la explanada donde se ubica la ermita, que va quedando abajo cada vez más diminuta. Volvemos a salir a la pista junto a un mirador donde vemos el pueblo de Torla a vista de pájaro.

   Continuamos elevándonos por la senda hasta la cota 1.850 m. donde desembocamos otra vez en la pista y continuamos un buen trecho por ella en dirección este. En una curva a derechas abandonamos de nuevo la pista por trazas de un sendero que se dirige hacia la zona de miradores. Hay abundantes pinos negros descarnados que parecen haber sufrido la caída de rayos. A la izquierda, entre los árboles, podemos vislumbrar una pequeña caseta con unas antenas sobre las Murallas de Duáscaro.

   Cerca ya de la cota 2.000 m. llegamos a los bordes de la Cresta de Diazas, que cae a plomo hacia el río Arazas. Justo a nuestros pies, unos 800 m. más abajo, vemos la pradera de Ordesa. Enfrente, al otro lado del valle, se alzan las murallas de Mondarruego, Punta Escuzana, el Gallinero y los circos de Carriata y Cotatuero. Detrás emergen, cubiertos de nieve, el Taillón y los Gabietos.  Todo un espectáculo visual.

   Nos desviamos unos metros a la izquierda para visitar algunos miradores, muy próximos a la caseta con antenas que veíamos anteriormente. Los miradores están situados justo encima del abismo. Casi da vértigo mirar hacia abajo. Llegamos al último mirador en la parte oeste y retrocedemos de nuevo para dirigirnos a Punta Acuta, que está al Este.

   Continuamos caminando otro trecho por la pista y pronto la abandonamos para subir directos hacia la cima de Punta Acuta. Elena y Arancha han batido su record de desnivel ascendiendo, están más fuertes de lo que creen, han subido sin problemas y a buen ritmo.

   Las vistas de las cumbres de Ordesa desde la cima son de primer orden. Hacia el Este vemos la larga pista que se dirige hacia Cuello Arenas bordeando el Mondicieto por el sur antes de bajar hacia el pueblo de Nerín.

   Estamos un buen rato en la cima comiendo, disfrutando del sol y contemplando multitud de cimas, desde Tendeñera y Otal por el oeste, hasta Monte Perdido y Cotiella por el este.

  Sobre las 14:30 emprendemos el regreso. De paso recorremos la cresta de Diazas para visitar otros dos miradores que se alzan sobre un promontorio, justo después de pasar el desvío de la vertiginosa senda (y peligrosa con hielo) que baja hacia la Pradera de Ordesa por Calcilarruego.

   Para volver a los coches bajaremos por la pista, a propuesta de Pedro, un erudito montañero bohemio que hemos encontrado por el camino, que nos sorprende con sus disquisiciones y fraseología. No obstante, tras caminar un buen trecho y viendo que se hace tarde, nos desviamos en cuanto podemos por la senda para regresar más rápidamente.

   A la vuelta, y haciendo honor a nuestro motto: “buscando bucardos”, paramos a tomar una cerveza en Linás de Broto en "El Último Bucardo", curioso albergue montañero de evocador nombre.

  • Desnivel + acumulado: 1.310 m.
  • Horario total: 7 h.
  • Distancia recorrida: 17 km.


Inicio de la senda rumbo a "Santa Ana"


Ermita de Santa Ana


Árboles descarnados


Vamos hacia los miradores del oeste


Abismos con Tobacor al fondo


Mirador


Vistas hacia el oeste desde Punta Acuta. Cresta de Diazas


Vistas hacia el este desde Punta Acuta. Sierra de las Cutas


Vistas hacia Tendeñera, bajando


Pasando de nuevo por la ermita de Santa Ana


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jueves, 12 de enero de 2012

Pico del Pacino (1.965 m.), circular


Circular por las Selvas de Sallent y de Lanuza

8 de enero de 2012,

   Hoy habíamos planeado hacer una travesía con raquetas por el valle de Tena pero la nieve escasea y está muy dura en las zonas donde es habitual esta actividad. Viendo que hay pocas opciones decidimos hacer una circular al Pico Pacino, sin raquetas.

   Aparcamos en el inicio de la pista que hay a mano izquierda poco después de pasar el tubo verde de la conducción de agua que encontramos subiendo por la carretera de Formigal, aproximadamente a un kilómetro de distancia del desvío de Sallent de Gállego.

   Comenzamos a caminar por la pista, por la ruta más habitual de ascensión al Pacino. Hay algunos regueros helados pero se salvan fácilmente caminando por los lados del camino. Cuando llevamos algo menos de 15 minutos continuamos por la pista en dirección suroeste en lugar de seguir las marcas del sendero que se desvían hacia la Torre de Descompresión por la ruta normal. Nuestro objetivo es hacer una excursión un poco más larga y subir por la “Selva de Sallent”, pasando por las proximidades del pico de la Tosquera.

   Entramos en el bosque y aparece la nieve. No está dura al haber permanecido resguardada por los árboles lo que permite caminar cómodamente. Me encanta caminar por los bosques nevados, tienen una magia especial, sobre todo después de nevadas copiosas, aunque hoy no se da el caso.

   La pista desaparece y se convierte en un sendero que apenas se aprecia al estar cubierto de nieve.  Llevamos un track en el GPS y hay huellas viejas así que continuamos nuestra caminata sin problemas.

   Pronto salimos a la parte superior del bosque y desaparecen los árboles. Nos encaramamos al lomo que tendremos que seguir a nuestra izquierda hasta el Pacino, que ya se ve al fondo, en dirección este, sin nieve.

   Disfrutamos de buenas vistas de la Sierra de la Partacua por un lado y las grandes cumbres del Macizo de Argualas e Infiernos por el otro. El día es soleado y sopla un ligero viento frío, como corresponde a un mes de enero. Caminamos rumbo al Collado del Pacino. Vemos que hay gente subiendo, cosa muy habitual en esta cima pues es sencilla de subir, con poco desnivel y tiene unas fenomenales vistas del Valle de Tena.

   Llegamos a la cima, donde el aire sopla más fuerte, y nos resguardamos en los paredones que dan a la vertiente sureste, donde no da nada de viento y el sol nos pega de lleno, qué agradable sensación. Estamos allí un buen rato comiendo, haciendo fotos y disfrutando de las vistas. Destaca abajo el pueblo de Lanuza,  cada día más recuperado, justo a orillas del embalse.

   Descendemos de nuevo hacia el collado del Pacino y nos desviamos por la senda que baja hacia el embalse de Escarra y el pueblo de Escarrilla.  Llegamos al cruce de sendas y continuamos en dirección este, donde un poste indica “Escarrilla y Sallent”. Caminamos con vistas a nuestra derecha del profundo barranco del río Escarra que se precipita en la cascada del “Saldo”, que no se llega a ver pero se aprecia el tremor del agua.  Al otro lado del barranco vemos las cimas de Punta Cochata y el Pimindalluelo.

   Legamos a otra bifurcación de la senda. Continuamos hacia nuestra izquierda para bordear el Pico Pacino. La senda de la derecha baja hasta el pueblo de Escarrilla.

   Nuestra senda se dirige hacia un collado donde cambiamos de nuevo a la otra vertiente lo que nos permitirá ir cerrando el círculo. Caminamos ahora por una zona de pastos, por el lindero inferior del bosque de la “Selva de Lanuza”. El camino se adapta a la morfología del terreno y hacemos algunos sube-bajas para salvar algunos barrancos.

   Nos aproximamos a las laderas norte del Pico Pacino donde el sol bajo de enero pronto desaparece, oculto tras la cumbre. Comienza a descender la temperatura. Ya divisamos de nuevo la Torre de Desompresión y la tubería verde.  Continuamos la senda marcada con pintura azúl y blanca (otras marcas de pintura blanca-amarilla nos bajan hacia la carretera pero las descartamos, no queremos caminar por el asfalto).

   Pronto llegamos a la tubería y por tanto al punto de inicio. Todavía es temprano y paramos a tomar algo en un bar de Escarrilla y nos despedimos hasta la próxima salida, que esperamos sea pronto.
  
  • Desnivel + acumulado: 787 m.
  • Horario total: 5 h 15 min.
  • Distancia recorrida: 13,6 km


Siluetas recortadas sobre Peña Foratata


Cruzando un arroyo


Sierra de la Partacua


Embalse de Escarra


Dori


Cerca de la cima


Elena. Formigal y el Midi al fondo


Carlos y Arancha


En el collado cambiando de vertiente


Un descanso


Tipica imagen del Valle de Tena


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miércoles, 11 de enero de 2012

Espelunciecha Oriental (2.247 m.) y Gralleras (2.262 m.)


Circular desde el Parking de Anayet (Formigal)


7 de enero de 2012,

   Hemos quedado en la cafetería de Formigal con Dori y José Luis. Aparece también Pachi para inaugurar su temporada de esquí de travesía. Trabaja de noche y viene sin dormir, tiene la  moral de un guerrero espartano.

   En la puerta de la cafetería nos encontramos a Nacho, con su sonrisa y buen humor. Así da gusto salir a la montaña. Viene acompañado de Angel y Antonio, a los cuales no conocía.

   Deliberamos la ruta a seguir tomando un café. La montaña está peligrosa. Una combinación de vientos muy fuertes, temperaturas bajas  y ausencia de nevadas importantes han dejado la montaña barnizada con un pulido manto de hielo, muy duro.  La mayoría de cimas fronterizas se ven muy venteadas. Descartamos cualquier ruta orientada al norte o con laderas expuestas.

   Decidimos incluso no cruzar la frontera al otro lado del Portalet y nos fijamos un objetivo modesto pero sin riesgo. Nos acercaremos al parking del Anayet de la estación de Formigal y subiremos foqueando junto a las pistas rumbo al Espelunciecha Oriental, a resguardo del viento del norte y donde ya da el sol hace buen rato. Conforme avance el día y según las condiciones de la nieve iremos decidiendo sobre la marcha.

   Subimos por el borde la pista azul de “La Glera”, con tranquilidad, charlando y disfrutando del sol. A la altura de la pista “Pipos”, que está cerrada, nos desviamos a la izquierda en busca de la solitaria cabaña de la “Glera”. Superada la cabaña abandonamos la pista y comprobamos lo dura que está la nieve. Ponemos cuchillas. En algunas placas apenas muerden el hielo.

   Bordeamos el Pico Espelunciecha Oriental para subir por la ruta normal. Superamos el Cuello de Esplunciecha y progresamos por una suave loma por el oeste que podemos subir con los esquís puestos y que desemboca en la misma cima. Hacemos unas fotos y Carlos propone alargar la ruta hasta el Pico Gralleras, sin abandonar los límites de la estación.

   Así pues, algunos quitamos las focas y bajamos, ora esquiando, ora remando, siguiendo en sentido inverso el recorrido del Ratrak, que hoy no funciona. Otros bajan sin quitar focas. Nos juntamos todos justo en la confluencia con la pista azul “La Rinconada”.

   Volvemos a poner focas y subimos en pocos minutos hasta el desembarque del telesilla “Espelunciecha”, donde hay bastantes esquiadores.  Desde allí seguimos rumbo norte y en cinco minutos nos plantamos bajo el corredor que da acceso a la cima del Gralleras. El corredor tiene poca nieve y aflora mucha roca pero se puede subir, así que algunos de nosotros nos calzamos los crampones y subimos. Nos abre la huella Nacho.

   Estamos unos minutos en la cima y observamos las cumbres al otro lado de la frontera. La nieve escasea y se ve mucho hielo. Hacemos unas fotos y bajamos con cuidado el corredor donde nos espera el resto del grupo.

   Quitamos pieles y bajamos esquiando por las pistas hasta la confluencia del telesilla “Batallero” donde volveremos a efectuar una transición ya que tenemos que cambiar de valle para llegar al coche. Ponemos de nuevo focas para acometer la última subida del día hasta el collado del telesilla “Garmet” desde donde bajaremos otra vez esquiando por las pistas hasta el parking.


  • Desnivel + acumulado: 886 m.
  • Horario total: 5 h 25 min.
  • Distancia recorrida: 11,2 km.


Subiendo junto a la pista de "La Glera"


Nieve muy dura por el entorno de "la Glera"


Dori con el Espelunciecha detrás


Cima del Espelunciecha Oriental


Llegando al Gralleras. Telesilla "Espelunciecha" al fondo


Subiendo la canal del Gralleras


Saliendo del Corredor


Angel llegando arriba. Nieve cristalina


Carlos coloca la cámara


Bajando el corredor


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lunes, 9 de enero de 2012

Moncayo (2.316 m.)


Ascenso por la vertiente sur, desde Cueva de Agreda

…cuando era niño y el viento soplaba recio y con fuerza, recuerdo que en mi pueblo los mayores decían: "sopla del Moncayo”. Mi fantasía infantil imaginaba un enorme agujero y una sofisticada maquinaria en la cumbre del Moncayo capaz de generar descomunales vientos que podían derribar árboles, hacer volar las tejas y tumbar las tapias del campo de fútbol, cosa que ocurrió en varias ocasiones…

   Pues bien,  esta última festividad de Reyes, el día en que se colman las fantasías de los niños, pude subir con unos amigos a la cumbre del Moncayo, casi a hurtadillas, y colarnos hasta la misma Sala de Máquinas donde se gestan todos los vientos…

6 de enero de 2012,

   En el Pirineo dan para hoy mucho viento y mal tiempo con lo cual cambiamos el plan inicial y nos marchamos al Moncayo donde la predicción es mejor. No obstante, la realidad fue bien distinta.

   Salimos de Zaragoza Daniel, Victor, Carlos y yo. En Lituénigo recogemos a Clara. El Moncayo se muestra cubierto de nubes negras y soplan rachas fuertes de viento frío. Ponemos rumbo a tierras sorianas bordeando el Moncayo por el oeste. Queremos ascender por su cara sur.

  Llegamos a Cueva de Agreda (1.306 m.) y aparcamos en la parte alta del pueblo. No hay un alma en las calles. El viento ulula por las esquinas y cae una fina lluvia. Salimos del coche y nos enfundamos rápidamente todas las capas de ropa que llevamos, cubiertos con capuchas y abrigados hasta las cejas.  Un lugareño aparece y nos saluda con un escueto “mal día habéis elegido para subir al monte”. Antes de poder responderle ya ha desaparecido.

  Emprendemos la marcha. Subiremos por la senda que coincide con el GR 86, nos parece la ruta más resguarda al transitar junto al cauce del río Tranmoncayo primero y por el fondo del “Barranco del Colludillo” después. Durante 15 minutos caminamos por un bosquecillo de rebollos y jaras pero pronto los árboles van despareciendo y la vegetación disminuye en porte. Avanzamos entre fuertes rachas de viento. A veces hay que detenerse para guardar el equilibrio y no caer.

   La consigna es clara: “avanzar hacia lo negro”. Pronto nos sumergimos entre las nubes, con baja visibilidad y con el cortante viento fustigándonos.  La senda está bien indicada con marcas blancas y rojas, llevamos varios GPS, vamos bien abrigados y sobre todo vamos cargados de buen humor, optimismo y con ganas de monte.

   Nuestro campo de visión se reduce a un círculo de unos 50 m. a nuestro alrededor. A mitad de camino aparece la silueta de un cilindro de un metro de diámetro junto al cauce del barranco. La escena es un poco irreal. Seguramente se trata de los restos del motor de un avión Hércules siniestrado en 1984, un trágico suceso que se añade a la fecunda crónica negra de esta montaña.

   Sobre la cota 2.000 encontramos nieve en el barranco. Se trata de hielo duro como el granito. Nos vemos obligados a abandonar la senda y subir por nuestra izquierda, con rumbo directo a la cumbre del Moncayo, que tenemos controlada en todo momento en el GPS.  El avance es un poco incómodo. Caminamos sobre enebros, matojos y tramos de pedreras.

   Pasada la cota 2.100 el suelo comienza a tornarse blanco. Las plantas rastreras se encuentran forradas de una gruesa capa de hielo cristalino. No necesitamos ponernos los crampones. Avanzamos sobre lo que se asemeja a un universo coralino de plantas solidificadas, frágiles como el vidrio, que se van quebrando con nuestros pasos.

   Cuando la capa de hielo comienza a ser uniforme y aumentar de espesor aparece entre la neblina la silueta de la cruz cimera, congelada y con grandes chupones helados. Ya estamos en la cima, como exangües siluetas a merced del viento.

   Vituperados entre fuertes ráfagas de viento helador hacemos unas fotos y nos acercamos al vértice. Hacemos el ritual del “salto grupal” y sin perder un instante nos vamos para abajo. La ropa húmeda que llevamos se congela. Hago una foto y se queda el objetivo atascado. Creo que ha entrado agua y se ha petrificado. Más tarde, en casa, con un secador de pelo y aire templado pude resucitar la cámara.

   Descendemos rápidos. A medida que perdemos altura vamos recuperando la sensibilidad de las manos. Es importante llevar siempre guantes secos de repuesto. En las proximidades de Cueva de Agreda incluso vemos el sol en un par de ocasiones.

  Llegamos al coche y Daniel nos tiene preparada una agradable sorpresa: una botella de sidra y un gran roscón de reyes, con la nata bien fresquita, del que no dejamos ni el agujero de en medio.  Brindamos, comemos y emprendemos el camino de regreso, parando antes a tomar un café en Tarazona y después dejar a a Clara en su casa.

  • Desnivel + acumulado: 1.028 m.
  • Horario total: 4,5 h.
  • Distancia recorrida: 11,4 km


Caras de frío


El aire arrecia. Vamos "hacia lo negro"


Cima. Donde se gestan los vientos


Cerca de Cueva de Agreda aparecen unos tímidos rayos de sol


Ya falta poco. Vamos entrando en calor


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